Me cuesta escribir.
Podría decirse que es bueno, teniendo en cuenta que el detonante que encendía la pólvora de mis dedos eran siempre lágrimas.
Pero sin embargo, empiezo a odiarlo.
No sé si es que tengo un alma masoquista o simplemente, no estoy en mis cabales, pero echo de menos escribir.
Antes escribía con una facilidad increíble. Recuerdo que a veces incluso llevaba encima una cuaderno para apuntar mis sentimientos durante el día, y al reflexionar sobre ellos, simplemente salía.
Pero ya no. No quiero escribir mis sentimientos en un cuaderno.
Quiero sentir.
.
Hacía tanto que no me había puesto a escribir que ni si quiera me acordaba de lo último que decidí regalar al mundo.
Lo he leído hoy.
Y me rompe.
Me rompe porque recuerdo hasta la última sensación que me hizo escribir aquello. Hasta la más mínima sensación que hizo que, por primera vez, estuviese tan jodida que en vez de querer escribir dejase de hacerlo por completo.
Hoy, cinco ataques de pánico y dos recuerdos traumáticos después, estoy aquí.
Trataré de quedarme con todas mis fuerzas. Casi tanto como trato de olvidar y levantarme cada día.
Hola de nuevo.