domingo

Y se vuelve diminuta

Se levanta de la cama y se frota la cara. Abre los ojos, dispuesta a afrontar otro día más. Lo esconde muy bien, el tiempo ha conseguido hacer de ella una gran actriz, pero sus ojos la delatan y se consume lentamente. Como cada día, el proceso se lleva a cabo lentamente, se lo conoce de memoria, ya casi es mecánico e incluso llega a ser tedioso. Se lava la cara y se coloca sus diminutos cascos para pasar desapercibida ante la gente. La música la envuelve y crea una fina barrera que la separa del mundo que la destroza y continúa su camino. Quizás esa barrera es lo único que la mantiene todavía en pie. Quizás si no se hubiera ido aquel al que sus labios rozaban con cautela no sería necesario poner el volumen de la música al máximo.

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